Ambición

Por Brandon Ramírez

Recientemente se dio a conocer el tema de los Paradise Papers, que recordó a todos los temas de los Panamá Papers, vinculado al mismo tema. En algunos países europeos, también desde hace un par de años se ha señalado, aunque en ese caso, de forma judicial, a distintos deportistas que recurren a mecanismos similares para pagar una cantidad de impuestos menor a lo que deberían acorde a su salario.

Una labor básica de un Estado, además de brindar seguridad es garantizar condiciones mínimas para el bienestar de las personas, la redistribución de la riqueza a través de los impuestos debería ser una idea igual de elementalmente asimilada. La inmensa mayoría de esas grandes riquezas se forman por el resto de la sociedad, que utiliza un servicio, compra un producto o paga un boleto para un estadio, cine, teatro, etcétera, y es justicia social que pueda regresar a ella en educación pública, programas sociales, becas, o calles y espacios públicos cada vez mejores.

Evidentemente la inmensa mayoría preferiría no pagar ningún impuesto. El propio nombre de estos ya sugiere la poca voluntariedad y propensión que se puede tener. Pero no deja de llamar la atención la sofisticación a la que se puede llegar para, pese a tener ya una fortuna, buscar la forma de mantenerla pagando la menor cantidad de estos. Aunque también hay que decir, que en el caso de nuestro país donde, si no recuerdo mal, cerca de 30% del PIB siguen estando en la economía informal. Es muy común que no se paguen los servicios de agua o electricidad y se exigen subsidios para casi todo en los niveles socioeconómicos con menor ingreso y mayor marginación.

Aunque en otros países, donde la recaudación impositiva es más eficaz y sí se refleja en mejores servicios públicos, también se da esa búsqueda de las personas con mayor ingreso de aumentarlos más y pagar lo menos posible. Parece parte de la condición misma de nuestra especie, que aun teniendo cubierta todas las necesidades materiales, se busque incrementar y mantener los recursos ganados. La corrupción que acompaña muchos de estos mecanismos es algo presente en gran parte del mundo. Una inmensa mayoría de personas piensa que en su país existe la gente más corrupta del mundo, con más descaro e impunidad, pero lo cierto es que, si leemos la prensa internacional, compartimos niveles muy parecidos en esos temas con muchos otros. Tristemente.

Es condición humana querer mejorar en todos los sentidos posibles, y el mundo en que vivimos privilegia los recursos económicos sobre otros, como algo necesario para “progresar”, por lo que parece tener sentido que esto sea así. Pero cuando ya se tiene más de lo que se necesita, muchos parecen seguir queriendo acumular más. Esa ambición como especie nos ha hecho explotar a más no poder los recursos de nuestro planeta, generar condiciones de desigualdad tan drásticas como las que vivimos en México, o a nivel internacional, entre los distintos países. Al final, los privilegios se basan en que haya desfavorecidos por dicha condición.

En el libro “Retirar la escalera. La estrategia del desarrollo en perspectiva histórica”, se explica cómo los países más ricos actualmente lograron esta condición a través del proteccionismo económico para desarrollar sus industrias nacionales, después dando el paso natural del libre mercado al exterior para lograr continuar creciendo a partir de esta industria creada con auspicio del Estado; y en cambio, demonizar esta estrategia a los países que buscaron seguir esta ruta, presionando a través de instituciones internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco de México) para abrir sus fronteras y evitar el proteccionismo, permitiendo mantener su ventaja económica y predominio en los mercados. Lo dicho, esto es algo que no sólo se da entre personas sino entre Estados, como parte de nuestro estilo de vida contemporáneo.

Un actor racional buscara maximizar sus ganancias, y si a través de estos mecanismos fiscales pueden ahorrarse impuestos no debería haber nada censurable, el problema legal viene cuando no se declaran las ganancias y no se paga. Regular los f lujos de capital parece hoy día tarea imposible, como lo es reducir las brechas de desigualdad que existen en el mundo. Los acuerdos de Basilea ya buscaban poner restricciones a los bancos para evitar excesos como los que han producido las crisis económicas globales más recientes. Los acuerdos de París buscaban normar las emisiones de gas de efecto invernadero, la ONU las relaciones políticas entre Estados, y así una serie de instituciones, que buscan resolver los problemas del mundo actual, globalizado y por esta condición difícil de regular y normar.


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