Abriendo espacios

Por Brandon Ramírez

No deja de parecerme curioso que no ha sido hasta la última semana que se oficializó una liga de futbol femenil profesional. Es cierto que se contaba desde hace una década con una liga femenil, pero no es hasta ahora que es un proyecto que dependerá de los propios clubes profesionales.

El deporte profesional en nuestro país mediáticamente se centra en el futbol casi exclusivamente. Es cierto que tienen cobertura constante otros como el baseball, americano y el automovilismo o la lucha libre, pero ni por asomo logran la difusión y los espacios que los medios cubren sobre el futbol. Siendo esta la realidad, es curioso que no se haya empujado antes una rama femenil profesional en éste, siendo que han sido una constante en Europa, que junto con nuestro continente son las regiones del mundo con las ligas competitivas del mundo.

La discriminación por motivos de sexo que se mantenía imperante en casi todos los ámbitos de la vida pública de nuestras sociedades para el siglo XX ha ido denunciándose y derribándose en las últimas décadas, y es una buena noticia que se haga ahora en esta rama deportiva, con tanto arraigo en nuestra sociedad.

Los equipos para este primer año de la liga femenil serán conformados por jugadoras menores de 23 años en su mayoría, con la posibilidad de un par de jugadoras fuera de ese límite. Me entristece ciertamente que no existiera esa posibilidad hace un par de años, cuando cursaba la licenciatura, ya que el equipo femenil de mi Facultad arrasaba en los torneos interuniversitarios, y muchas compañeras de mi generación pudieron haber formado parte del equipo de la Universidad, Pumas. Aunque es plausible que ahora las generaciones actuales sí que puedan optar por desarrollarse profesionalmente en ese deporte.

Todo este tipo de reivindicaciones siempre me parecen curiosas que sean tratadas con tanta excepcionalidad, cuando debería ser una obviedad que, por ejemplo, en este caso, el sexo no debería ser un impedimento para desarrollarse profesionalmente en un deporte. La idea es extensiva para cualquier otra disciplina deportiva o profesional en general.

Claro está que casi tan obvio como esa idea es que las condiciones de esta nueva liga serán distintas a la liga masculina. Ni por asomo las jugadoras ganarán, casi con total seguridad, sueldos que se acerquen a los promedios de los hombres. El ganar menos por hacer el mismo trabajo, por motivo de sexo, es un problema muy estudiado y comprobado en nuestro país, y seguramente este caso no será la excepción. Se podrá argüir que los patrocinios y utilidades por derechos televisivos y ventas de entradas en los estadios en ambos casos no son los mismos, y no pueden costearse sueldos similares, pero precisamente la posible falta de patrocinios y concurrencia en los estadios en el futbol femenil, también es en alguna parte causada por la discriminación basada en el sexo.

Todos los pasos que vamos dando, como el forzar los espacios de representación política en los congresos para las mujeres, que de otra forma no serían postuladas por sus partidos, las diversas políticas en pro del empoderamiento de las mujeres, etcétera, verán sus resultados en el largo plazo, cuando normalicemos la participación de las mujeres de forma equitativa a la de los hombres, y nos parezca impensable la discriminación. Siempre me gusta recordar el ejemplo del voto: antes era impensable que una mujer participara en procesos electorales como candidata o como votante; ahora sería impensable escuchar a alguien abiertamente diciendo que las mujeres no deberían participar por el simpe hecho de serlo.

En este caso, y aunque el futbol suele ser tachado como una actividad popular sobrevaluada y subestimada por su valor cultural, no deja de ser el deporte más popular de nuestro país y del mundo, y que se busque incorporar y normalizar la participación de las mujeres en él, aunque lamentablemente sea hasta este momento, y no muchas décadas antes, parece plausible. Ojalá el proyecto no sea abandonado a la larga y encuentre respaldo de los aficionados, y que un unos años las próximas generaciones vean nuestro tiempo, donde las mujeres no podrían ser profesionales de este deporte en nuestro país con la misma extrañeza que nosotros vemos el tiempo en que tampoco podían votar y se votadas.


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