¿A quién le importa el cambio climático?

Por Juan Carlos López Gaviño

El planeta Tierra está conformado por sistemas en equilibrio que permiten la subsistencia de seres vivos en constante evolución. El avance de las ciencias naturales nos permite conocer cada vez mejor la riqueza de nuestro entorno que es aprovechada por nuestra especie (homo sapiens) para el desarrollo de la civilización. 

Todavía no se conoce con exactitud, cómo es que los humanos alteramos los balances de los ciclos químicos y físicos planetarios; no obstante, se sabe con certeza que el sistema mayormente afectado es la atmósfera.

Si bien, sabemos cada vez más del clima aún quedan demasiadas preguntas por resolver acerca de las maneras en las que nuestro comportamiento modifica la armonía geológica. Por esto último es indispensable que los científicos sigan trabajando en descifrar la composición de la esencia planetaria y de los procesos industriales que la alteran. Por lo anterior, expertos de todo el mundo han estudiado la incidencia de los gases de efecto invernadero en el aire, pero también la contaminación en los océanos, su temperatura y salinidad, que termina repercutiendo en el clima. 

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC)¹ es el órgano internacional que reúne a científicos de todo el mundo para discutir este tema. El IPCC ha publicado cinco abrumadores informes sobre las causas y consecuencias de alterar el sistema atmosférico global. 

En resumen: la incidencia humana es evidente, hemos alterado el clima terrestre.

Ahora bien, el problema se puede entender a partir de dos enfoques: el social, y el biológico. Desde el punto social, los factores de estrés son la salud, seguridad y subsistencia humanas. Desde el foco biológico, son los ecosistemas y la biodiversidad, tanto terrestres como marítimos. 

En este mismo sentido, es relevante entender cuáles son los límites que no se deben sobrepasar para sostener un mismo nivel de desarrollo. La línea se ha fijado al alza en 2°C, es decir, para evitar alteraciones significativas en el modo de vida actual, la temperatura promedio de la atmósfera no debe elevarse por encima de ese límite. Este objetivo es el fin último del Acuerdo de París, firmado durante la vigésimo primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21).²

El Foro Económico Mundial realiza cada año un ejercicio de evaluación sobre todos los riesgos globales en función de su probabilidad e impacto.³ En este año, los tres riesgos considerados como de mayor impacto y con mayor probabilidad de ocurrencia son los siguientes: 

  1. Eventos climáticos extremos.
  2. Desastres naturales.
  3. Falla de las acciones de mitigación y adaptación al cambio climático.

Los tres están intrínsecamente relacionados con el medio ambiente y sus efectos en la vida humana. Esto se traduce a que ya no es viable solamente pensar en los problemas que enfrentarán las urbes costeras con el aumento en el nivel del mar. Hay que visualizar también los cambios alimenticios que se deberán hacer a causa de las sequías e incluso las alternativas biomédicas ante la aparición de bacterias o virus antes consideradas endémicas de algunas regiones del mundo.

No cabe espacio a duda de que el cambio climático es el mayor y más importante reto que afrontar para la humanidad. Por ende, los mecanismos de defensa de la civilización actual se han activado; desde las edificaciones a prueba de inundaciones hasta la proliferación de “nuevas” formas de transporte como las bicicletas o autos eléctricos, las acciones de adaptación están en marcha en las grandes ciudades.

Por su parte, existen iniciativas a nivel mundial para la reducción de emisiones de metano en áreas rurales. En México, las políticas de adaptación de uso de suelo, planeación de vías de transporte, captura de dióxido de carbono y conservación de áreas naturales protegidas son algunos ejemplos de las acciones de mitigación del cambio climático en marcha hasta el momento. 

Ahora bien, todo este discurso puede parecer muy ajeno a las acciones personales o locales que se pueden poner en práctica y no es así. Desde hoy, estimados lectores, para todos los que tienen noción de este gran problema es obligatorio (al menos): viajar en medios de transporte ecológicos, reciclar el polietileno, plantar árboles oriundos del ecosistema o eficientizar el uso de luz eléctrica. 

Conocer sobre cambio climático implica la responsabilidad de dar a conocer los orígenes, las secuelas y los comportamientos para revertir la dirección de la humanidad a su cada vez más dificultosa subsistencia. La esperanza de conservar el mundo tal como lo conocemos hoy en día no radica en el uso de mejores tecnologías sino más bien en las acciones de mitigación del estrés biológico que generamos como especie.

Nunca en la historia habíamos tenido una amenaza tan importante, pero, sobre todo, común. El tema que se había planteado como futuro se ha hecho presente y nos afecta a todos, sin distinción. Y a ti ¿te importa el cambio climático?


¹ Creado en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. 

² Para más información, visita https://unfccc.int/

³ WEF (2018), The Global Risks Report 2018, 13a edición, Ginebra, Suiza.

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