A modo de disculpa…

Por Aarón Rojas

 

He de confesar, que no había tenido nada sobre lo cual escribir. Al menos no nada que valiera la pena, nada de lo que no pudiera uno hartarse de segur por medio de noticieros o falsas opiniones estandarizadas de personas a las que pagan para analizar los periodos o crisis por las que estamos atravesando.

Es por eso mismo que tuve un momento de pausa y aunque esto contraviene la reglamentación de tan apreciable espacio de comunicación juvenil, tuve que hacerlo so pena de escribir incoherencias sin sentido o con faltas de fondo y forma que solo servirían para abonar la de por sí, ya muy llena pila de impureza escrita.

Todos aprovechan esta época del año para festejar, inmerso en un ambiente de reconciliación y buenos deseos, permeado por una aura de bondad que sólo es posible verla tan generalizada en periodos como los que circundan a los decembrinos. Por tanto, es fácil que uno pueda contagiarse e intentar con ello tener una especie de epifanía moral, misma que nos orille a llenarnos de intenciones de cambio, internos o externos, lo que quiera entenderse por ello.

Y es que la temporada amerita cierto tipo de actitud, de esperanza venidera que se conjuga con un deseo inmediato de renovación al igual que el año que esta por comenzar. Aunque lo cierto es que nada de eso puede ser posible, no si lo único que hacemos es llenarnos de bueno deseos y lucubraciones que de nada sirven para transformar lo que sea.

Los aguinaldos, las calificaciones semestrales o trimestrales, la cena, la convivencia familiar que sólo es posible una o dos veces al año, sin duda es buen motivo o excusa para sentirse optimista y próspero. Pero, ¿cuánto de esto en verdad ha de satisfacernos en la medida que lo necesitamos? Y no hablo de ser egoísta o nada por el estilo, sino, de hacer conciencia y hacer una verdadera reflexión con respecto a lo que nos hace sentir, si bien no felices, al menos en gran medida plenos y retribuidos en una que dice, deja de ser nuestra para dar paso a una colectiva.

¿Qué es lo que en verdad nos emociona y llena de optimismo? ¿Qué es lo que en verdad queremos?

Es la cena, el aguinaldo, la verdad de sabernos liberados de la pesada carga cotidiana laboral o estudiantil…

¿Será entonces que aquello que nos alegra es la quizá simple y común compañía familiar? o ¿El encuentro esporádico con nuestros seres más queridos?

Si es así, entonces ¿Por qué nos es tan difícil admitirlo, y aún más, comunicarlo?

Se bien que es común en el ser humano, el sufrir y dejarse al sufrimiento perene, pero también juzgo como absurdo el hecho de no externar nuestros sentimientos, por el simple hecho de sentirnos descubiertos ante el otro o por no admitir nuestras pasiones. Creo que si no somos capaces de hacer algo tan simple, menos lo seremos de reconocer nuestra necesidad de encuentro con aquellos que nos hacen sentirnos a gusto.

No creo que sean necesarias fechas específicas para externar lo que nos viene del interior.

Esta insensibilidad ante lo meramente humano se hace presente en todos los hechos cotidianos que sufrimos y debemos padecer en nuestra cotidianidad.

Constantemente se nos presentan hombres y mujeres que buscan caridad, limosna o algún otro tipo de cosa. O la constante y hostil delincuencia que nos amenaza. También la violencia invisible que nos hiere más de lo que podríamos imaginaros, ese constante ataque a nuestra sensibilidad, ha hecho que dejemos de lado nuestra forma de demostrarle a los demás cualquier forma de afecto que contravenga la coraza que nos formamos a fuerza de soportar las crueles conductas cotidianas.

Es cuestión de profunda reflexión lo anteriormente mencionado, pues hemos dejado, como ciudadanos que, amén de protegernos en lo interior, contra las desavenencias de fuera, hemos permitido que esa protección nos aparte de los que verdaderamente deseamos.

Nos hemos creído aquella falsa ilusión de necesitar algo que no queremos y dejar de lado lo verdaderamente importante para cada uno de nosotros.

Es por ello que les pongo una interrogante de frente a los gastos que “necesitamos” hacer, apenas lleguen los momentos de paz y reconciliación.

¿Qué tanto necesitamos gastar para demostrar que queremos a alguien?

Sí, yo creo que nunca está de más comprar detalles, sin ver el costo o tamaño del mismo.

Pero, creo que si se quiere a alguien de verdad, debemos saber externarlo con o sin gastar cuantiosas sumas monetarias.

Debemos ser conscientes de cómo vivir estos últimos días del año, para que al empezar el siguiente, no lo hagamos con las pesadas cargas de deudas o remordimientos morales, resultado de no poder externar nuestros sentimientos, nuevamente de la forma en que hubiésemos querido.

Por ello, sí, es bueno hablar de reconciliación y un nuevo comienzo a la entrada de un año más de vida y experiencias, pero sin olvidar que esto se debe hacer siempre. Que no vale la pena acorazarse con las personas que se quiere, pues si necesitamos de una protección para estar con otra persona, no vale la pena continuar, pues uno solo se protege de aquello que le hace daño.


Imagen: http://www.todomountainbike.es/images/fotos/2015/ruta-nieve-nocturna-unai-martin.jpg

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