A los profesores

Por Elisa Horta

El 15 de mayo marca más que la quincena en nuestro país, pues es la fecha que se les da a los maestros para celebrarlos y agradecerles por su participación e increíblemente noble cooperación por México.

Curiosamente, el nuestro, es un país cuyo sistema educativo destaca entre muchos otros por ser increíblemente complejo al hablar de posiciones y las infames ‘plazas’. Ciertamente, como suele pasar en nuestra nación, la educación ha sido politizada por unos cuantos para su beneficio y ha dejado en lado su más importante enfoque: el futuro.

A cambio de poder, dinero y privilegios, los representantes de los más altos puestos han dejado al azar el mañana de una nación que necesita niños y adolescentes preparados y empoderados para hacer los cambios que ya vienen más que atrasados. Se ha olvidado que el propósito de las aulas y las escuelas no es necesariamente el preparar profesionistas que tendrán que trabajar para asegurar sus vidas (que sí, también es importante), si no que están formando humanos que darán la cara por todo México en un futuro no tan lejano.

Pero, he de recordar y agradecer, que existen los maestros.

Así como a muchos no les importa lo que sea de sus clases, de sus exámenes y de su día a día en los salones, puedo asegurar completamente que no se trata de la mayoría.

Personalmente he tenido experiencias invaluables cuando se trata de docentes, he conocido a profesores tan dedicados y comprometidos con nosotros mismos que se nota en la simple manera de dar las clases (y asistir a ellas), que para ellos no hay como pararse frente a más de cuarenta jóvenes para guiarlos de la mejor manera. Me he topado con profesionistas que deciden ver por nosotros y nuestro indudable estrés al momento de dejar sus propias tareas y trabajos, con otros tantos que nos siguen buscando después de clases porque les preocupamos y con los que preguntan por nuestros nombres cuando ya hemos cambiado de curso.

La verdad es que son ellos los que están convirtiéndonos en la generación del cambio.

Por lo que quiero, y considero que todos deberían, dar las gracias por el esfuerzo y los incontables sacrificios que se hacen diariamente por los estudiantes que, a fuerzas o no, asisten a clases con la esperanza de verdaderamente aprender y hasta salir con algo más.

Gracias por las risas, los regaños y las lecciones. Por las veces que nos contaron de su vida y creíamos que era porque no querían dar clases, cuando en realidad era porque había algo que también nos enseñaba a partir de su experiencia. Gracias por la manera en la que se acercan, en la que se presentan y están simplemente ahí cuando más se necesitan. Muchas veces, para nosotros como alumnos la escuela es hasta una especie de refugio incluso en los peores días o cuando no se simpatiza del todo con los compañeros. Es un alivio escuchar a adultos que de verdad tienen tiempo para ti, que te prestan su atención y te hacen sentir validado sin la necesidad de ser condescendientes. El llegar al salón después de una noche pesada, o un día cansado, es liberador cuando sabes que estás por distraerte de la mejor manera posible: concentrándote en tu futuro. Gracias.

Es más que agradecer por los consejos y las décimas extras que nos salvan de los extraordinarios. Es agradecer los años de estudio sólo para volver a las aulas. Es agradecer la sinceridad, la paciencia, el valor y la actitud con la que sólo un verdadero profesor llega a su trabajo.

Porque no importa lo que la ley imponga por encima de nosotros, diciendo que piensan en nuestro bien, si al final van a lograr escabullirse más de uno o dos entre las filas de las instituciones educativas para hacer cambios pequeños que luego crearán un nuevo mundo.

Ciertamente, como alumnos muchas veces fallamos en ver que los maestros sobre la tarima y al frente del pizarrón es precisamente un humano como nosotros mismos. Y, así como nosotros nos quejamos del cansancio, la falta de sueño y las peleas con la familia tenemos que recordar que muchas veces ellos mismos pasan por lo mismo. Y de todas maneras están ahí, cumpliendo porque son conscientes de que hay un bien mayor, y común, por el que se tiene que seguir luchando.

Personalmente creo que el día del maestro en México no es solo un 15 de mayo, cada año. Yo creo que el día del maestro es todas esas mañanas que llegamos a clases y ponemos atención a lo que se nos enseña. El día del maestro es cuando llevamos nuestras tareas, cumplimos con los proyectos y estudiamos para un examen. Bien podría ser que no nos encante la idea, pero como quien dice de verdad es nuestra única obligación, hasta ahora, para muchos. Y al cumplir con ella hacemos orgullosos a más de unos cuantos, y logramos que el trabajo que se hace en nuestro nombre valga casa segundo.


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