Principios o casuística II

Por Miguel Téllez

 

En la publicación anterior revisamos qué es la deontología y también un ejemplo de esta postura. Además, señalamos las desventajas de seguir tal teoría. ¿Hay una alternativa a la ética de principios?

En el debate de la bioética -así como en el de la ética- no sólo la deontología tiene su lugar, la casuística es una alternativa a los problemas de seguir principios como lo dicta la deontología. La casuística atiende caso por caso, fijándose en los factores importantes de cada escenario al que se deba dar una respuesta ética y así poder determinar una solución. Pongamos un ejemplo sólo para ilustrar la gran diferencia entre deontología y casuística. Supongamos que en un restaurante hay un letrero que dice “se prohíbe la entrada con perros”. Según la deontología, todo caso será instancia para aplicar ese principio. ¿Qué pasa si quien se presenta al restaurante es una persona invidente y es guiada por su perro lazarillo? ¿Le debemos prohibir la entrada? Siguiendo la postura deontológica, sí -recordemos que el imperativo categórico lo es porque no admite excepciones, como ejemplo de una postura deontológica-. La casuística evaluaría el escenario y dictaminaría qué factores son relevantes, como la necesidad de que el perro lazarillo asista a la persona invidente, por mencionar alguno. Este no es ejemplo de bioética ni de ética, tal vez de metaética o filosofía del derecho, pero sólo nos basta que quede clara la diferencia entre posturas éticas.

Que la casuística parezca una mejor alternativa no implica que resuelva todos los problemas de la ética o de la bioética. En cualquier escenario donde deba tomarse una decisión que atañe a la ética, siempre habrá que considerar cuál es un factor importante en ese caso, y hacer tal cosa no es una tarea sencilla.

En las últimas líneas de la publicación anterior, mencionamos que también hablaríamos del consecuencialismo. El consecuencialismo es una teoría moral que nos dice que la corrección de una acción depende solamente de las consecuencias. Una teoría de este tipo es el famoso utilitarismo -del que ya he hablado en publicaciones anteriores-. El consecuencialismo difiere también de la deontología. Regularmente nosotros actuamos siendo consecuencialistas, basta rememorar alguna decisión difícil que debimos haber tomado, nos preguntamos ¿qué consecuencias traerá tal decisión? O simplemente buscamos que nuestra acción trajera los mejores resultados. Esto es actuar siendo consecuencialistas.

Hay distintos tipos de consecuencialismo, pues por sí solo, un consecuencialismo sólo nos dice una forma de teoría, que indica que lo que importa sólo son las consecuencias. ¿Qué tipo de consecuencias? Para responder, debemos pensar en una teoría del bien. Hay quienes sugieren que las consecuencias deseables son aquellas que maximizan la felicidad, el bienestar o las preferencias de las personas. Con teoría del bien nos referimos a tener en cuenta la finalidad de la vida humana. Muchos creen que la finalidad de nuestras vidas es la felicidad, aunque hay un argumento famoso que demuestra que esto no es así.

Un grupo de neurofisiólogos han creado una máquina que, una vez que te conectas, te inyecta una serie de drogas que te hacen feliz. Seguro que alguien podrá señalar que la felicidad depende de cada quien, eso le da igual a la máquina, pues sea cual sea tu concepción de felicidad, estarás feliz. Así, podemos plantear el siguiente argumento: si es el caso que lo único que importa en la vida es la felicidad, entonces te conectas a la máquina. Según el filósofo que creó este argumento hipotético -Robert Nozick-, la gente no se conectaría. Si negamos el consecuente de nuestro argumento, tenemos la negación del antecedente, de ahí que no es el caso que lo único que importa en la vida es la felicidad.

El argumento anterior lo había esbozado en otra publicación de manera breve, ahora sale a colación porque un consecuencialismo hedonista -así se le llama a la postura que cree que en fin de la vida humana y de la moralidad es la felicidad- tendría que aceptar que todos nos conectaríamos a la máquina. El nombre de hedonismo es a causa de ‘hedoné’, que significa placer. Según los hedonistas, para alcanzar la felicidad debemos procurar placer y evitar el dolor -tanto físico como del alma-. Los hedonistas se referían al alma no en un sentido religioso.

Lo cierto es que parece que estar conectado a una máquina que te hace feliz no nos hace mucho sentido, si vivimos no es sólo por un anhelo de felicidad, sino que implica un sentimiento que va arraigado con las ganas de vivir. Quizás tenemos esperanzas en lograr cosas -que pueden formar nuestra idea de felicidad-, pero es evidente que no siempre estamos sonriendo, con ánimos ni con energías. Sería complejo que un día tu pareja o tus padres mueran y tú estés alegre o que pierdas una parte de tu cuerpo y tú estés sonriendo. Somos frágiles y la idea de una larga felicidad debería irse borrando de como nos han hecho creer que debe ser, siempre sonriendo o sin penas que arrastrar. Los recuerdos son una de las cosas que más nos suelen herir, así como darle significado a los lugares, a los obsequios, etc. Sabemos que ya nunca se repetirán y que nosotros ya no somos los mismos.

Es cierto que la ética es fundamental en nuestras vidas porque nos ayuda a entender cómo debemos tratar a los demás, aunque también es importante porque nos permite mirarnos, desde el extremo de nuestras emociones -o pasiones- hasta el otro extremo que es la razón. Mucho tiempo se creyó que las emociones son perjudiciales porque nublan la razón, hoy día ya no podemos creer ese supuesto, en ocasiones no hay razones suficientes para hacer aquello que sí nos dicta la simpatía o empatía.

 


Imagen de: http://opositoajusticia.foroactivo.com/

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