3… 2… 1… ¡Acción!

Por Brandon Ramírez

Hace unos días platicaba con una amiga –la que más disfruta en el cine de las personas que conozco– sobre las salas 4D que en los últimos años han ofrecido una nueva experiencia a los cinéfilos. Para mí, es una opción totalmente válida y bienvenida que brinda un plus a las películas que se diseñan para sacarle jugo. Para ella, es sólo parafernalia innecesaria que ensucia lo que el cine como arte (e incluso como producto explícitamente comercial) busca aportar.

Este es un tema que quería compartir y le pedí que escribiera brevemente su postura para evitar que  en un parafraseo mío se malinterpretara. A continuación lo que ella opina:

Me declaro cinéfila. Cuando tenía escasos tres años mi experiencia dio inició con la película de Casper y mi primer reacción fue llorar. Es gracioso pero tiempo después esas lágrimas se volvieron risas, nostalgia, alegría y demás sentimientos que el sólo ver cualquier película, puede producirte. He disfrutado de cada una de las categorías del cine, desde el experimental hasta la ficción y debo admitirlo: me fascina. 

Sin embargo, tras veinte años, el cine ha evolucionado e intentado más que transmitir, crear emociones; con esto me refiero a que, de disfrutar de observar las escenas y escuchar diálogos alucinantes como el: -¡Hasta la vista, baby! en Terminator, se ha llegado a inventar asientos que simulan movimiento, briznas y demás maniobras que le dan mayor realismo a la película, mismos que me parece, impiden apreciar otros tantos detalles que caracterizan al cine desde su creación. 

Llámenme ortodoxa pero para mí el cine convencional, el cual a través de la vista y el sonido, así como la conjugación de ambos, de la música y las imágenes, provocan muchas más emociones y sentimientos de adrenalina, desesperación y miedo que el hecho de que el asiento vibre y anticipe los sucesos. 

Y no es que no me  agrade la ficción, ¡me encanta! y no puedo negar que he disfrutado inmensamente de los efectos especiales en cada película de superhéroes y de Bruce Willis. Sin embargo, los efectos de realismo son en absoluto una alternativa viable para hacer del cine un mejor arte. 

El cine  nació para transmitir sentimientos de manera visual, y que a su vez,  los demás sentidos se introdujeran y  acrecentaran las emociones. Un ejemplo claro es Chaplin,  que a través  de las imágenes lograba transmitir la felicidad, provocando risas entre el público y a pesar de que han pasado décadas desde entonces, es considerado como un elemento icónico del cine cómico. 

Es ahí donde observamos que la sencillez  transmite más que los fastuosos efectos de un cine, que más que enardecer la experiencia cinematográfica y apreciar la belleza de los escenarios, la fotografía, la música y los diálogos, provocan sólo una experiencia de simulación que impide apreciar el fondo y verdadero espíritu del cine. 

Pues bien, yo discrepo en muchos puntos con su postura. Para ser sincero no recuerdo la primera película que vi y nunca me he declarado cinéfilo, aunque disfruto mucho del cine y suelo ir dos veces por semana a alguna sala  para tomarme un respiro y divertirme comiendo palomitas, solo o acompañado; cuando no tengo oportunidad de hacerlo, suelo ver alguna película en Netflix; en fin, sin autodefinirme cinéfilo, el cine es una de las artes que más disfruto.

Reconozco que de niño muchas películas me emocionaron y divirtieron: desde las clásicas animaciones de Disney hasta las historias de Rocky o Titanic. De igual forma, acepto que una de las cosas que el cine como arte busca, es desencadenar todas las emocionas descritas por mi amiga a través de secuencias de imágenes (principalmente) y sonidos, entremezclados en una historia que provoca desde adrenalina, desesperación, miedo, o simple expectativa por saber cómo terminará la película.

Sin embargo, no estoy de acuerdo en que la nueva experiencia que se nos ofrece en las salas 4D  merme en absoluto aquello, y más bien corresponde a una tendencia que podemos ver en muchas otras actividades, me refiero a tratar de hacer más “reales” nuestras experiencias. Me explico: los libros típicamente sólo tienen palabras y en algunos casos ilustraciones, sin embargo, para hacerlos más atractivos para los niños algunos incluyen relieves que al abrir determinadas páginas brotan dándonos una representación casi tridimensional con los personajes y escenarios que quieren que imaginemos. Algunos otros nos ofrecen páginas que, tras frotarlas, emanan olores que de otra forma sería difícil que fueran descritos sólo en texto.

Otro ejemplo son los videojuegos. Los primeros que muchos jugamos, aquellos de 8 bits, en sólo dos dimensiones fueron evolucionando para dar experiencias sensoriales más realistas, que envolvían más a aquellos que los disfrutan. Pasando por los juegos de 16 bits, nos encontramos con juegos que recurrían a la tercera dimensión; en el mismo sentido se crearon accesorios como aquella clásica arma con que disparábamos a patos en el Duck Hunt, los tapetes de baile y los volantes con pedales para los juegos de automovilismo y más recientemente nuevas formas de jugar con mandos como los del Wii, Kinect y su símil en Play Station, sin mencionar los avances con el Oculus Rift, que nos introducen directamente al videojuego y nos hacen sentir que estamos realmente dentro de él. Todo esto también aprovechando la mayor definición obtenida en imágenes gracias al HD, Full HD y más recientemente 2k y 4k.

Esta misma tendencia está en el cine. En un principio era a blanco y negro y mudo; fue evolucionando y adaptando la capacidad de introducir sonidos y colores. Con el tiempo también se incursionó en el 3D, y se ha explotado casi desde su inicio la capacidad de incorporar efectos especiales para hacer más realistas algunas escenas que de otra forma sería imposible reproducir. En el mismo sentido me explico la aparición de esta nueva alternativa con movimiento, aromas y más sensaciones, como una búsqueda que hemos tenido en muchos ámbitos de hacer más realistas nuestras experiencias.

Para mí, todo esto no contraviene la esencia del cine, simplemente busca aumentar el grado de envolvimiento de la audiencia en películas diseñadas para ello. Yo prefiero tener esa opción que no tenerla, pues en lo personal he disfrutado algunas películas en este formato, aunque reconozco que hay algunas otras que no necesitan recurrir a ello para lograr envolverte y hacerte sentir parte de una historia. 

En fin, al menos siempre que se presenta una película en este formato también se hace en el formato que los propios establecimientos denominan tradicional, y la opción únicamente de 3D. Cada quien tiene el derecho a elegir y yo prefiero tener más alternativas. Al igual que los videojuegos, no todos necesitan de mayor realismo para ser disfrutables, como los clásico s: Mario Bros, Pacman o Tetris, que se han adaptado a nuevas plataformas como los celulares, sin dejar necesariamente las dos dimensiones y los 8-16 bits; pero no rechazo los títulos que, aprovechando los desarrollos tecnológicos, dan sensaciones más reales.

Un agradecimiento a Sofía, que se tomó el tiempo de escribir los párrafos con su postura. 


REFERENCIAS

Fotografía de Santiago Ramírez Martínez. Instagram: @santiago_ramz

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