24 horas en la vida de una mujer

Por Alicia García

Estás dormida y el primer ruido que oyes es el despertador de tu alarma. Abres los ojos y comienzas a desperezarte para levantarte de la cama y comenzar el día. Sales de tu cama y te metes a bañar, quince minutos después estas fuera y eligiendo la ropa que usarás hoy. Pasas de los shorts o faldas porque sabes que tendrás que caminar por una zona en construcción donde hay hordas de albañiles que no dejarán de mirarte las piernas mientras pasas a su lado. También te piensas mejor el ponerte unos leggings que al ser tan ajustados no dejan a la imaginación el contorno de tus piernas, pues tendrás que tomar un autobús de camino al trabajo lleno de hombres que te piropean en el oído cuando te paras junto a ellos en el transporte abarrotado. Finalmente eliges unos jeans y una blusa no tan ceñida.

Bajas a desayunar y prendes la televisión en el canal de noticias. Mientras preparas tu desayuno escuchas que una buena parte de las notas son acerca de la violencia que las mujeres sufren en todas sus formas: novias y amantes asesinadas, una madre y su hija secuestradas y asesinadas por el marido despechado, mujeres violadas y tiradas en la carretera, más desapariciones de mujeres estudiantes en México… terminas de desayunar y apagas la tele, has escuchado suficiente de lo mismo por años y años. Subes a lavarte los dientes para irte a trabajar.

Antes de salir de casa te encomiendas a cualquier ser que te haga sentir protegida, cierras con llave la puerta y comienzas a caminar en la jungla de asfalto. Como lo previste, pasas enfrente de una zona donde están remodelando un gran edificio, intentas no voltear ni prestar atención a las miradas, los silbidos y las palabras grotescas que te gritan los constructores al pasar. Piensas que fue buena idea evitar las faldas cortas. Al llegar a la esquina te apresuras a tomar el autobús abarrotado de gente, te subes y encuentras un sitio parada en medio de algunos hombres. Buscas la mejor forma de posicionarte para evitar que sus cuerpos choquen con el ajetreo del autobús.

Al llegar a tu destino pides la parada, das gracias porque no sentiste ninguna mano indiscreta y bajas del autobús. Llegas a tu sitio de trabajo donde se jactan de respetar la equidad de género y la igualdad. Saludas a tus colegas y en el pasillo te encuentras al odioso compañero que no deja de invitarte por unas copas saliendo del trabajo, a pesar de que lo has tenido que rechazar en más de una ocasión. Te sientas a trabajar. Después de un buen rato sales a almorzar con tus compañeras y comienzan una plática casual mientras comen. Hablan de cosas triviales y de temas cotidianos como los asaltos que ha habido en la colonia, en lo obscuro que se pone tan temprano con el nuevo cambio de horario, en lo peligroso que es salir sola y tomar transporte público después de las 10 pm, en que las noticias dicen que los feminicidios en México han aumentado en los últimos años, en que si la policía ha encontrado nuevas pesquisas en el caso de la estudiante en Puebla raptada y asesinada. La hora del almuerzo termina y regresan a sus labores. De nuevo te topas con el odioso en el pasillo pero por suerte lo entretiene el jefe con unas preguntas y tú logras escabullirte hasta tu sitio sin tener que hablar con él y rechazarlo de nuevo de forma educada.

Al fin es la hora de salir y ya cayó la tarde en la ciudad, tus amigas te invitaron a ir por unos tragos pero antes de aceptar te aseguras si una de ellas que vive muy cerca de ti va a ir, para regresar juntas a casa más noche. Le escribes un mensaje y te contesta que sí va. Ya tranquila enfilas hacia el lugar acordado. Buscas tus audífonos en la bolsa para distraerte de las miradas y el acoso de los hombres que ya es normal cada vez que caminas por la calle. Finalmente llegas a tu destino y te sientas con tus amigas. Pasan un buen rato agradable y piden la cuenta. Al momento de irse tu amiga y tu piden un taxi juntas, al despedirse las demás les piden que les avisen cuando estén en casa y anotan el número del taxi y la matrícula del auto. Durante el trayecto, ocupas alguna aplicación con GPS para monitorear la ruta que toma el taxista, se mantienen pendientes del camino y no se distraen. Al llegar a casa bajan rápidamente del taxi y dan nuevamente las gracias porque esta vez les tocó un viejito simpático que les recomendó no salir solas tan tarde porque la cosa está muy peligrosa.

Te despides de tu amiga y enfilas la única calle que te separa de su casa. Mientras caminas en la noche y con la única luz de las farolas de la calle, sacas tus llaves de la casa y las llevas como manopla, sólo por si la dudas y por protección. Finalmente llegas al portón, abres la puerta y rápidamente la vuelves a cerrar con seguro por dentro. Por última vez en el día das las gracias a ese ser que te mantuvo a salvo 24 horas más. Subes a tu habitación, te pones la pijama y antes de dormir pides por todas las otras mujeres que no han tenido tanta suerte como tú hoy.

Se habla que en todo el mundo, entre e50% y 100% de las mujeres y niñas sufren acoso sexual y otras formas de violencia sexual en los espacios públicos y ésta es una de las formas de violencia más comunes contra las mujeres. No queremos que nos den herramientas para superar el acoso y la violencia sexual, queremos que se enseñe a los hombres a no generarla y a las mujeres a ser libres y no valientes.


Imagen: http://www.mendozapost.com/nota/51382-belgica-el-primer-pais-que-prohibio-y-multo-los-piropos-en-la-calle/

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